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Qué es el efecto Pigmalión o la profecía autocumplida

Haz esta prueba mañana al salir a la calle: camina y, mientras lo haces, repítete insistentemente… “me voy a tropezar, me voy a caer, estoy segura de que me tropiezo…” Vas a verificar por ti mismo que es muy difícil andar así, que es tan difícil hacerlo que incluso aumentarán las posibilidades de caerte. Esto es lo que llamamos la profecía autocumplida o el efecto Pigmalión.

Contenido del artículo

¿El efecto Pigmalión se vive siempre en negativo?

No. Vamos a poner un ejemplo en positivo y así lo verás más claro. 

Tenías una profesora en el colegio que creía en ti, que siempre te estaba animando a sacar mejor nota porque sabía que eras capaz, veía algo especial en ti en esa materia y confiaba plenamente en tus capacidades. Las probabilidades de que te motivaras y sacaras lo mejor de ti para aprender y disfrutar con esa asignatura era realmente mucho más alta.

¿Por qué ocurre esto? 

No es magia potagia. En absoluto. Pero cuando sientes que aquello que crees es cierto, tu mente lo interpreta como cierto. Esa interpretación, esa creencia “soy capaz, se me da bien, lo haré…” la mente la integra como cierta en el sistema y eso hace que te empieces a comportar como si fuera cierto. 

 

Por ejemplo, creo firmemente que soy capaz de aprobar el carné de conducir, porque me gusta conducir, me veo con una habilidad especial para conducir y siento que se me da bien cuando he realizado las prácticas con una profesora o profesor. No significa que por tener esta sensación, vaya a aprobar el examen. Pero lo que sí implica es que mi mente tendrá esta idea tan integrada en mi sistema que me comportaré de acuerdo a ella, con coherencia con mi creencia.  

Esto ya tiene más sentido, ¿si?

 

Cómo utilizar la profecía autocumplida a nuestro favor

A pesar de que nuestro lenguaje machacante nos suela llevar a todo lo contrario, a profecías autocumplidas en negativo, por ejemplo, “voy a quemar las lentejas, es que nunca me salen como a mi madre, voy a pifiarla ya verásvamos a autoconvencernos de todo lo contrario. “Ya verás, van a alucinar con mis lentejas, esta es la buena, qué sabor tan rico, si es que ya me lo estoy imaginando, esta sí que sí”.  

Esto no tiene nada que ver con el resultado. Si el resultado finalmente es nefasto, ahí pondremos a nuestro servicio herramientas de autocompasión y aceptación. Por ejemplo, nos diremos mensajes como: “bueno, esta vez no me han salido tan ricas como esperaba, pero no son las últimas que voy a cocinar, hay más oportunidades de aprender y mejorarlas. Suerte que tengo algo de tiempo la semana que viene para intentarlo de nuevo”.  

Y tú, ¿con cuál te quedas, con la profecía en negativo o en positivo?

Un abrazo, Lola

Hola, soy Lola

Este blog nace de la necesidad de compartir temas interesantes y que suman sobre la felicidad y el bienestar personal y profesional.

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